1 de marzo de 2008

¿Se Compra?, ¿Se Vende?, ¿Se Alquila?

Cuentan que en un lejano país, rodeado de frondosos bosques que impedían ver lo que sucedía en su interior, había un príncipe bello y soberbio que basaba su felicidad en su riqueza, tan seguro estaba del poder de sus cofres repletos de oro y piedras preciosas, que todo lo compraba con ello y como sus súbditos eran infelices e insatisfechos, pues se dejaban comprar, e incluso vender cuando el príncipe se aburría de ellos y hasta a veces, se encontraban alquilados a algún amigo extranjero de su serenísima majestad, para satisfacer su último caprichoso trueque.

Pero los súbditos ni rechistaban y aceptaban esos doblones con sumisión, sabiendo que pasaban a ser propiedad del príncipe y que nada podían hacer más que resignarse….

El príncipe era feliz con su poderío, nada se le resistía, nada que no pudiese pagar con un par de doblones de oro de sus engrosadas arcas, e incluso a veces menos.

Pero en su reino había una insignificante pastorcilla, que era feliz soñando con su príncipe azul y tan solo con oír el piar de los pajarillos. No necesitaba de doblones de oro, ni de riquezas para ser feliz. Vivía en su mundo de fantasía y no entendía ni de compra ventas, ni de trueques, ni de alquileres, tan solo su musical compañía y su interior vivo y ardiente, satisfacían sus más íntimas necesidades y hacían que se sintiese plenamente feliz…

Rastropov, un día que cabalgaba en su corcel blanco, al verla rodeada de pajarillos y con un tierno corderillo que asomaba de su canasto, quiso comprarla, -te daré dos doblones de oro, le dijo-, y sintió como su principesco rostro se encendía de ira, cuando escuchó de la humilde pastorcilla con un hilillo de voz, un no, suave pero contundente.

¿Pero como podía ser eso?

¿Qué esa ignorante la había dicho no a él?, ¿a él?

Claro, -pensó-, le parece poco…y le ofreció mas, pero la humilde pastorcilla continuaba diciendo no y Rastropov continuó subiendo su oferta, la pastorcilla sería suya, ¡al precio que fuese!, y así fue subiendo y subiendo su oferta hasta que, ante tanta negativa, completamente fuera de sí, le dijo: ¡te daré todos mis cofres!, y la pastorcilla con un hilillo de voz, dijo un tímido si…

Rastropov, exultante de felicidad, sintiendo ese placer que solo sienten los guerreros cuando descansan su agotado cuerpo tras un día de lucha, le dijo a la humilde pastorcilla: comeremos deliciosos manjares, beberemos embriagadores licores y después os poseeré, rodeada de doblones de oros y de riquezas…

A continuación Rastropov respiró tranquilo, ¡al fin la había conseguido!, la miró irónicamente y le dijo: ¿lo ves mojigata?, ¡no hay nada que Rastropov no pueda comprar!

La humilde pastorcilla le miró turbada y le dijo: Tenéis razón, mi señor, no soy nada que su majestad no pueda comprar…traedme los cofres, cumplid con vuestra palabra y seré vuestra…

Rastropov galopó en su corcel, pletórico de felicidad, camino de sus posesiones, raudo y veloz como el viento en un día agitado y al rato estaba de vuelta con todos y cada uno de sus cofres, que hizo que sus siervos descargaran de las carretas y los fueran depositando donde la humilde pastorcilla les indicaba.

Cuando al fin terminaron de descargar todas las riquezas de Rastropov, la humilde pastorcilla cerró las pesadas puertas con candados y llaves, escondiéndolas en el fondo de su canasto, sin ser vista, mientras decía tímidamente: si no se marchan vuestros súbditos, ¿cómo podré ser vuestra?.

Rastropov, que era un príncipe soberbio, pero listo como las palabras que se lleva el viento en un día agitado de huracanes y que no se llegan a decir, comprendió que había llegado el momento en que, al fin, ella sería suya y les hizo marchar.

La humilde pastorcilla dijo, mirándole a los ojos con ese candor, que solo poseen aquellos que oyen piar a los pajarillos en las noches oscuras y en los días de luz: os recuerdo, mi señor, que antes de ser vuestra tenéis que invitarme a esos ricos manjares y a esos deliciosos licores.

Y fue cuando Rastropov, cayó en la cuenta que no podía pagar esos manjares para ella.
No tengo doblones, dijo apesadumbrado, no puedo invitaros…

No importa, dijo la humilde pastorcilla, yo os daré dos doblones de oro para que podáis invitarme a esos manjares y otros dos para que os inclinéis ante mi y otros dos para que jamás penséis que alguna vez seré vuestra.

Blondie

4 comentarios:

Anónimo dijo...

y este cuento,de que vá,me lo dices me lo cuentas me lo exlicas,soy bajo de entendederas nena ah y yo podría ser ese principe,pero no el clásico guaperas rubio ojos azules,sino ese principe real que quizás tu esperas..todavia

Anónimo dijo...

muy bien por recordarnos que no tienes precio,mi humilde pastorcilla,que tu valor es inmenso.All together now

malizia_kiss dijo...

Quizas..., quizas seas el príncipe real que espero... o quizas ya lo tenga..¡nene¡...

Blondie

malizia_kiss dijo...

All together now?,All together now?...¡¡¡ All together now !!!, claro All together now...
Maravillosa canción de yellow submarine, gracias por recordármela anónimo visitante...

A, B, C, D
Can I bring my friend to tea
E, F, G H I J
I love you

“A, B, C, D
¿Puedo traer a mi amigo a tomar el té?
E, F, G, H, I, J
Te quiero”

“Black, white, green, red
Can I take my friend to bed
Pink, brown, yellow, orange and blue
I love you”

“Negro, blanco, verde, rojo
¿Puedo llevar a mi amiga a la cama?
Rosa, marrón, amarillo, naranja y azul
Te quiero”

La pondré en el blog, para ti…MI anónimo visitante...
Blondie

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