La Espina
Se levantó descalza y empezó a caminar por la alfombra de pétalos de rosas, olían demasiado bien, eras confortables y estaban frescas e hidratadas, pero cada dos o tres pasos encontraba una espina que tenía que esquivar. Y las esquivaba con soltura, había aprendido a sortearlas para no herirse, hasta que un buen día se despistó y pisó una, se le clavó en la planta del pie, atravesándolo, intentó quitársela, pero estaba demasiado clavada, muy profundamente, y tuvo que aprender a caminar con ella, aceptar el dolor lacerante que le producía cuando caminaba demasiado, no podía descansar…
Ahora su herida cicatriza, pero la espina se ha quedado dentro…
Blondie
