Instintos Asesinos
Ayer por la tarde por primera vez en mi vida sentí verdaderos deseos de matar, cuando el agente de movilidad con pinta de chulo prepotente y cuerpo tipo rambo, abusó de la manera mas ruin del poder que le otorga el uniforme, ese uniforme que pagamos todos los ciudadanos, para amedrentarme y gritarme como un energúmeno que me había saltado un semáforo en rojo.
Cuando yo tímidamente quise indicarle que el semáforo estaba en ámbar y no en rojo, con la mirada encendida y totalmente fuera de sí, volvió a chillarme como un nazi asqueroso y repugnante, creyéndose que era de las SS y que yo era una judía famélica y desvalida de Treblinka y no una ciudadana de Madrid que paga sus impuestos religiosamente y que hasta ese momento pensaba que la policía y el orden público estaban para mi defensa y protección y no para mi ataque…
Pues bien, como os digo, volvió a chillarme, sacando una libretita y amenazándome de la manera mas vil, sobre mi terrible atrevimiento al indicarle que el puto semáforo estaba en ambar, advirtiéndome con muy malos modos que ya me enteraría de las consecuencias de mi osado atrevimiento en su momento, utilizando todos los mecanismos dictatoriales que, o ha mamado o le han enseñado en su adiestramiento.
Pues bien, como os digo, volvió a chillarme, sacando una libretita y amenazándome de la manera mas vil, sobre mi terrible atrevimiento al indicarle que el puto semáforo estaba en ambar, advirtiéndome con muy malos modos que ya me enteraría de las consecuencias de mi osado atrevimiento en su momento, utilizando todos los mecanismos dictatoriales que, o ha mamado o le han enseñado en su adiestramiento.
Acto seguido se puso frente a mi, delante de mi coche; de espaldas, con las piernas abiertas, como un guerrillero, mostrándome su asqueroso y fétido cuerpo musculoso, mientras dirigía el tráfico y con el mayor de los desprecios mientras yo observaba el repulsivo aspecto, con mis dientes y mis puños apretados, de ese repelente ser, por llamar de alguna manera suave a un individuo tan vomitivo.
Y justo en ese momento, es cuando sentí unos deseos inmensos de pisar mi acelerador y atropellarle, para después meter la marcha atrás, rematarle varias veces y dejarle allí seco y aplastado como un bicho baboso y nauseabundo.
Esta es la policía que nos ha regalado Gallardón, auténticos avaros disfrazados de agentes de movilidad, cuyo único fin es recaudar el mayor número de euros por segundo y que solo ven la zanahoria que les han puesto, con promesas de pluses futuros, aunque posiblemente inciertos, para que aminoren la inmensa deuda que ha contraído su jefe con las obras de Madrid, mientras los ciudadanos nos sentimos cada vez mas indefensos.
Blondie

