14 de noviembre de 2006

Viajando en el tiempo

El hedor era insoportable, una especie de pestazo a orina y sudor se mezclaba con el olor a podrido, las gentes estaban sucias, miró a su derecha y vio a una mujer de pelos enmarañados, parecía bastante joven y reía como una posesa enseñando su boca llena de dientes picados y negros, reía a carcajadas mientras destripaba con su manos un pescado. Un poco mas hacía adelante cinco hombres de muy pequeña estatura, encogidos y algo cheposos gritaban con estruendo, uno de ellos se tocaba los genitales continuamente y los demás lanzaban una especie de huesos de animal al suelo y reían estrepitosamente.

El suelo estaba sucio y resbaloso y en los negros charcos que se veían habían cucarachas flotando, era realmente asqueroso. Malizia avanzó mirando atónita el espectáculo, a su izquierda dos mujeres se rascaban furiosas la cabeza mientras comían unas extrañas frutas que se derramaban por la comisura de sus labios, su ropas parecían harapos sucios, su color alguna vez habría sido blanco pero ahora solo estaban llenas de jirones y mugrientas, delante de ella pasó una rata negra inmensa, Malizia dio un respingo sobresaltada, ahogando un grito con su mano, mientras observaba como un hombre le daba una patada con fuerza, estampándola contra una de las paredes, tal fue el vigor que puso, que la rata se destrozó y se convirtió en un amasijo de carne y sangre.

Según avanzaba se iba cruzando con mujeres que llevaban unos cestos en la cabeza llenos de frutas. Apenas había luz en ese lugar, lo que le confería un aspecto absolutamente lúgubre, estaba lleno de puestos con todo tipo de objetos y comidas, canastos inmensos con legumbres y cereales, panes negruzcos, cestos con azafrán, una especie de pasteles de aspecto rancio y caduco, pucheros y cuencos de barro y animales colgados enseñando sus vísceras, en alguno de los puestos habían telas amontonadas, sedas y algodones de colores muy bellos, algunas estaban tejidas con hilos de oro y plata. La mujer que custodiaba el puesto era muy hermosa, estaba sucia y su pecho se desbordaba del corpiño, llevaba un turbante en la cabeza que se tocaba continuamente con su mano derecha mientras su brazo izquierdo, apoyado en su cintura, contoneaba lentamente su cuerpo, relamiéndose los labios y mirando con descaro.

En otra esquina unos hombres intercambiaban dinero entre gritos e insultos...

En un rincón oscuro, entre dos puestos, un hombre y una mujer fornicaban compulsivamente como animales, ella estaba de espaldas, de píe, con su rostro pegado al muro y su falda levantada hasta la cintura, el hombre de aspecto sucio y mugriento estaba pegado a su espalda moviéndose con vigor mientras ella exhalaba suspiros y gritos de placer, ante dos ancianos de barbas amarillentas que presenciaban sus gemidos sin inmutarse.

Cerca de ellos unos niños de una edad temprana jugaban en el suelo con una especie de punzón, dibujando en la sucia piedra unos signos ininteligibles.

Malizia no salía de su asombro, ella sabía que aquello era espantoso, lo sabía por que lo había leido, porque se lo habían contado, porque lo había escuchado, pero ahora, al elegir ese instante del pasado para ir a visitarlo estaba realmente espeluznada con el espectáculo.

De pronto apareció un hombre en la entrada, era realmente guapo, sus ojos tenían el color de los mares y era bastante delgado y alto , con barba, más bien rubio, era muy esbelto y su porte muy distinguido, al mirarle te dabas cuenta que era un tío que tenía algo, ese algo que hace que mires a una persona aún sin quererlo, al verle se notaba que era un tipo interesante, inteligente. Tendría poco mas de treinta años, más bien casi treinta y tres, aunque su aspecto era aniñado y su cuerpo estaba cubierto con una túnica inmaculadamente blanca y terminaba en sus pies que descansaban en unas sandalias de cuero.

Malizia le miró sabiendo de quien se trataba y pensando que era mucho mas guapo de lo que ella siempre había imaginado, daban ganas de pasar el resto de la vida a su lado, tenía un cuerpo perfecto, que se dibujaba debajo de la túnica que portaba y que dejaba imaginar su sexo, era un tío realmente apetecible, un tio del que habría acabado enamorandose, pero en su mirada había odio e ira, tras él caminaban unos cuantos hombres, que le acompañaban, uno de ellos junto a él y de vez en cuando acariciaba su pelo mientras le decía bajito, no permitas esto, no permitas esto…

Comenzó a caminar por el lugar hacia donde estaba Malizia, mirando a izquierda y derecha furioso, mientras algunos mercaderes le señalaban burlonamente, a su paso una mujer le hizo gestos obscenos con la lengua, provocándole, invitándole a su sexo, otros le gritaban al verle pasar palabras soeces y malsonantes, carcajeándose de él y de sus acompañantes.

Se paró súbitamente en un puesto, cogió una especie de látigo y comenzó a golpear furioso, con la mirada encendida y lleno de ira, las gentes quisieron reducirle, pero tal era su fuerza que al verse incapaces, empezaron a huir despavoridos entre animales vivos que gritaban, gallinas que volaban chillando, puestos que se derrumbaban y pucheros que rodaban, gritos y empujones, resbalones tropezones y caídas.

El hombre continuaba golpeando enérgicamente en todos los lugares, con una fuerza salvaje, volcaba con ira las mesas con monedas y los asientos de los puestos en que vendían palomas , que volaban en desbandada, parecía como poseído, como si se tratase de un loco...

Malizia estaba siendo testigo mudo de algo que le habían contado, pero nunca llegó a imaginar que fuese tan sórdido y corrió despavorida, muerta de miedo y no paró, aún faltándole el aliento, hasta llegar al olivo en el que estaba escondida la burbuja de cristal, que la devolvería a su época…..

Blondie

10 comentarios:

Camelot dijo...

Para quitarnos el sabor acre de este pasaje...otro visto por Saramago:

"María se levantó, fue a cerrar la puerta del patio, pero primero colgó cualquier cosa por el lado
de fuera, señal que sería de entendimiento para los clientes que vinieran por ella, de que había cerrado su puerta porque llegó la hora de cantar, Levántate, viento del norte, ven tu, viento del mediodía, sopla en mi jardín para que se dispersen sus aromas, entre mi amado en su jardín y coma de sus deliciosos frutos. Luego, juntos, Jesús amparado, en el hombro de María, prostituta de Magdala que lo va a recibir en su cama, entraron en la casa, en la penumbra propicia de un cuarto fresco y limpio. La cama no es aquella rústica estera tendida en el suelo, con un cobertor pardo encima que Jesús siempre vio en casa de sus padres mientras allí vivió, este es un verdadero lecho como aquel del que alguien dijo, adorné mi cama con cobertores, con colchas bordadas con lino de Egipto, perfumé mi lecho con mirra, aloes y cinamon. María de Magdala llevó a Jesús hasta un lugar junto al horno, donde era el suelo de ladrillo, y allí, rechazando el auxilio de él, con sus manos lo desnudó y lo lavó, a veces tocándole el cuerpo, aquí y aquí, y aquí, con las puntas de los dedos, besándolo levemente en el pecho y en los muslos, de un lado y del otro. Estos roces delicados hacían estremecer a Jesús, las uñas de la mujer le causaban escalofríos cuando le recorrían la piel, No tengas miedo, dijo María de Magdala. Lo secó y lo llevó de la mano hasta la cama, Acuéstate, vuelvo enseguida.Hizo correr un paño en una cuerda, nuevos rumores de agua se oyeron, después una pausa, el aire de repente pareció perfumado y María de Magdala apareció desnuda. Desnudo estaba también Jesús, como ella lo dejó, el muchacho pensó que así era justo, tapar el cuerpo que ella descubriera habría sido como una ofensa. María se detuvo al lado de la cama, lo miró con una expresión que era, al mismo tiempo, ardiente y suave, y dijo, Eres hermoso, pero para ser perfecto tienes que abrir los ojos. Dudando los abrió Jesús, e inmediatamente los cerró, deslumbrado, volvió a abrirlos y en ese instante supo lo que en verdad querían decir aquellas palabras del Rey Salomón, Las curvas de tus caderas son como joyas, tu ombligo es una copa redondeada llena de vino perfumado, tu vientre es un monte de trigo cercado de lirios, tus dos senos son como dos hijos gemelos de una gacela, pero lo supo aún mejor y definitivamente, cuando María se acostó a su lado y, tomándole las manos, acercándoselas, las pasó lentamente por todo su cuerpo, cabellos y rostro, el cuello, los hombros, los senos, que dulcemente comprimió, el vientre, el ombligo, el pubis, donde se demoró, enredando y desenredando los dedos, la redondez de los muslos suaves, y mientras esto hacía iba diciendo en voz baja, casi en un susurro, Aprende, aprende mi cuerpo. Jesús miraba sus propias manos, que María sostenía y deseaba tenerlas sueltas para que pudieran ir a buscar, libres, cada una de aquellas partes, pero ella continuaba, una vez mas, otra aún, y decía, Aprende mi cuerpo, aprende mi cuerpo, Jesús respiraba precipitadamente, pero hubo un momento en que pareció sofocarse, eso fue cuando las manos de ella, la izquierda colocada sobre la frente, la derecha en los tobillos, iniciaron una lenta caricia, una en dirección a la otra, ambas atraídas hacia el mismo punto central, donde, una vez llegadas, no se detuvieron más que un instante, para regresar con la misma lentitud al punto de partida, desde donde iniciaron de nuevo el movimiento (…) Aprende mi cuerpo, y repetía, pero de otra manera, cambiándole una palabra, Aprende tu cuerpo, y el lo tenía ahí, su cuerpo, tenso, duro, erecto, y sobre él estaba, desnuda y magnífica, María de Magdala, que decía, Calma, no te preocupes, no te muevas, déjame a mí, entonces sintió que una parte de su cuerpo, esa, se había hundido en el cuerpo de ella, que un anillo de fuego lo envolvía, yendo y viniendo, que un estremecimiento lo sacudía por dentro, como un pez agitándose, y que de súbito se escapaba gritando, imposible, no puede ser, los peces no gritan, él, si, él era quien gritaba, al mismo tiempo que María, gimiendo, dejaba caer su cuerpo sobre el de él, yendo a beberle en la boca el grito, en un ávido y ansioso beso que desencadenó en el cuerpo de Jesús un segundo e interminable estremecimiento."
Saramago, José: El evangelio según Jesucristo

malizia dijo...

Queria cotestar a esa afirmacion sobre lo áspero de mi relato, pero no puedo porque tengo muchisima prisa, tengo que ir a comprarme un libro y van a cerrar.....

Blondie

lahijadelchaman dijo...

Precioso camelot, un relato cautivador. Suave super suave y al mismo tiempo tan erotico.
El relato de malizia me parece fantastico,extraordinario.
Me he quedado como traspuesta. Preciosos los dos relatos.

Cabeza Mechero dijo...

Podría ser la descripción que haría el protagonista del Perfume (¿Grenouille?, ahora no recuerdo su nombre exactamente) de la imagen de Cristo arremetiendo contra los mercaderes del templo (veo que en el primer comentario, pese a que no lo he leído entero, pues ese libro no me gustó nada, también se hace un paralelismo sobre esto).

malizia dijo...

Pues a mi si me gustó, cabeza mechero, y no creo que esto sea como el Paris de Grenouille, porque aunque tu veas paralelismo,que lo hay, este templo es como yo lo imaginaba siempre desde muy niña....mucho antes de leer El Perfume, siempre pensaba que estaba llena de gentes sucias y amorales y no entendía por que Jesús tenía tantísima ira.....lo mismo que jamás entendí por que premia a los buenos y castiga a los malos.¿? ¿no es él todo amor? ¿entonces?
Definitivamente nunca me gustaron los castigos por tanto no me gustaba mucho él....pero si he pensado mas de una vez que Jesús era un tipo listo,un progre,un tio con caracter, un loco de su época, que estaba bueno y era cepillable.....

Gracias por tu link,ya lo he escuchado, no está mal aunque de momento me quedo con la Brassens.....

Un besito Cabeza Mechero

Blondie

Copio este comentario en tu blog

Cabeza Mechero dijo...

No me refería a que fuera como el París del Perfume, me refería a la atmosfera de olores que describles, especialmente en el primer parrafo, y luego implicitamente en los demás, pues el ambiente que dibujas además de entrar por la vista, es impactante para el olfato.

Brassens es mucho Brassens, jejeej, de todas formas ya te haré llegar alguna composición propia del amigo Nelson.

malizia dijo...

efectivamente cabeza mechero, Brassens es mucho Brassens.......

Blondie

Anónimo dijo...

La ira y los templos...
Tanta unión, tantos siglos de correlación.
La cólera de Jesús por el desconcierto y la promiscuidad dfe su templo. Pero, ¿y qué hay de la cólera que podemos sufrir dos mil años más tarde al entrar en esos templos y contemplarlos como silenciosos palacios de hipocresía?
¿Eso quería el de Nazaret? Acaso su idea era desalojar temporalmente a esos habitantes del templo, rehabilitarlo, pintarlo todo de blanco... dejarlo como un "sepulcro blanqueado"
¿Es eso posible? Entonces, ¿por qué no expulsar ahora a quienes han agarrado con mano firme, con zarpa de depredador las riendas de su ideología?

Anónimo dijo...

¡Ah! que cabeza la mía..
Saludos a todos y un beso para Malizia...
Llegar hasta aquí ha sido un largo camino desbrozando una jungla de IMPOSIBLES

lahijadelchaman dijo...

alaaaaa pero si es sic !!!!!!!!!!!jope y que bien escribe el tio.
Estoy un poco de acuerdo contigo sic, pero no del todo, buenooooo y luego ya le pondre las pilas a malizia por lo que dice de Jesus.
De acuerdo en eso de por que no viene Jesus y echa de la Iglesia a todos esos mercaderes y malandrines vendidos al becerro de oro. No creo que Jesus quisiera lo que hay ahora.
Malizia como puedes hablar asi ?? Jesus era mas que eso y tambien todo eso.
bueno jo que las dos historias son muy bonita.
Yo no pude oir la cancion de cabeza de mechero jope.
besitos para todos.

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